Puno se prepara para vivir una vez más la Festividad de la Virgen de la Candelaria, considerada la mayor expresión de sincretismo religioso y cultura viva del altiplano peruano. Reconocida en 2014 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, esta celebración convoca cada año a decenas de miles de danzantes, músicos y visitantes nacionales y extranjeros.
Conocida cariñosamente como la Mamacha o Mamita Candelaria, la Virgen es el eje de una festividad que une devoción, identidad y espectáculo cultural, convirtiendo a Puno en uno de los principales destinos culturales de América Latina durante los primeros meses del año.
Aunque el 2 de febrero es el día central con la misa solemne en honor a la Virgen, las actividades se extienden por casi un mes, iniciándose desde la segunda quincena de enero.
Entre los eventos más importantes figuran el desfile de más de 200 danzas, la elección de la Reina del Folklore, el Concurso de Danzas Originarias y el Concurso de Trajes de Luces, donde destacan expresiones emblemáticas como la diablada, morenada y caporales. La festividad culmina con la parada y veneración por las principales calles de la ciudad.
El origen de esta devoción se remonta al siglo XVI, durante la evangelización española, cuando se introdujo el culto a la Virgen María en los Andes. Sin embargo, en Puno, esta veneración se fusionó con antiguos rituales agrícolas prehispánicos, dando lugar a un profundo sincretismo entre la fe católica y la cosmovisión andina.
Las danzas, de origen ancestral, fueron adaptadas durante la colonia para rendir culto a imágenes cristianas, convirtiéndose hoy en parte esencial del patrimonio cultural puneño.
El nombre proviene de la vela encendida que porta la Virgen, símbolo de la luz y la purificación. También sostiene una canasta con dos tórtolas, ofrenda vinculada a la tradición judía, y carga al niño Jesús, en alusión a su presentación en el templo de Jerusalén.
La Fiesta de la Candelaria es un poderoso factor de cohesión social. Participan comunidades quechuas y aimaras de zonas urbanas y rurales, así como miles de puneños que retornan desde otras regiones y países para reencontrarse con sus raíces.
La organización colectiva, liderada por la Federación Regional de Folklore y Cultura de Puno, garantiza la transmisión de saberes tradicionales como la danza, la música, la confección de trajes y la elaboración de máscaras, especialmente de danzas emblemáticas como la diablada.
La Unesco destacó esta festividad por integrar actos religiosos, festivos y culturales profundamente arraigados, así como por su eficaz transmisión intergeneracional. Este reconocimiento reafirma a la Virgen de la Candelaria como uno de los mayores tesoros culturales del Perú y un símbolo vivo de identidad para el altiplano.