Una investigación conjunta de la Universidad de Extremadura (UEx) y el Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres ha identificado a la proteína STC2 como un nuevo biomarcador clave para la prevención y el tratamiento del ictus, uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial.
El estudio, desarrollado por el Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la UEx y el Servicio de Hematología del Servicio Extremeño de Salud (SES), concluye que niveles bajos de STC2 están asociados a un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Los resultados fueron publicados en la revista científica Journal of Molecular Sciences.
La STC2 cumple un rol fundamental en la regulación de la entrada de calcio en las plaquetas, tanto humanas como en modelos animales. Esta función es clave porque evita la hiperactivación plaquetaria y la formación excesiva de trombos.
Cuando los niveles de esta proteína disminuyen, aumenta la entrada de calcio en las plaquetas, lo que favorece su agregación y la formación de trombos arteriales, mecanismo directamente relacionado con el desarrollo del ictus.
“La trombosis es una patología multifactorial. Cuantos más factores logremos identificar, mayores serán las posibilidades de prevenirla y tratarla de forma efectiva”, explicó la hematóloga Nuria Bermejo, primera autora del estudio.
En una primera fase, los investigadores analizaron muestras de sangre de pacientes que habían sufrido trombosis arterial o venosa, confirmando la relación entre la alteración de la STC2 y el aumento de calcio en las plaquetas.
Posteriormente, se realizó un seguimiento clínico durante más de 10 años, donde se observó que los pacientes con ictus tratados con aspirina presentaban niveles de STC2 normalizados, similares a los de personas sanas.
Según Bermejo, este hallazgo sugiere que la aspirina podría regular los niveles de STC2, reforzando su papel como tratamiento preventivo.
Los investigadores consideran que la medición periódica de la proteína STC2 podría convertirse en una herramienta clave para identificar personas con alto riesgo de ictus, especialmente en poblaciones envejecidas o con antecedentes de trombosis.
Además, permitiría evaluar la eficacia del tratamiento con aspirina y ajustar las estrategias preventivas de manera personalizada. El equipo prevé ahora impulsar estudios multicéntricos que incluyan otras patologías, como el infarto de miocardio, para consolidar el uso de STC2 como biomarcador clínico.