Las inundaciones provocadas por intensas lluvias que afectan a Mozambique desde diciembre de 2025 han generado una crisis humanitaria de grandes proporciones, dejando a cientos de miles de personas sin hogar y obligadas a desplazarse en busca de refugio y asistencia.
Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), las inundaciones han provocado el desplazamiento de alrededor de 400 000 personas solo en el último mes, cifra que se suma a los desplazamientos previos por otros factores, elevando el total de desplazados en el país a cerca de 700 000.
Las excepcionales lluvias han afectado principalmente las provincias de Gaza, Maputo y Sofala, donde ríos como el Limpopo y el Incomati se desbordaron, sumergiendo aldeas, tierras agrícolas y carreteras completas bajo el agua. La temporada de lluvias en el sur africano suele ser intensa, y este año ha quedado marcada como una de las más severas en décadas.
Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Gestión de Desastres (INGD) muestran que, desde octubre de 2025 hasta finales de enero de 2026, ya se han visto afectados más de 800 000 personas, con cientos de muertes confirmadas y miles de heridos.
La emergencia no solo implica la pérdida de viviendas y propiedades: las áreas afectadas enfrentan altos riesgos de enfermedades transmitidas por el agua —incluyendo cólera y diarreas— debido al acceso inseguro a agua potable y saneamiento básico. Los centros de alojamiento temporal suelen estar superpoblados y con pocos servicios esenciales, lo que agrava la vulnerabilidad de la población desplazada, especialmente de niños y niñas.
Organismos como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU han enfatizado la necesidad de rescate, atención médica y suministro de agua segura. La ONU también ha asignado fondos de emergencia para apoyar la respuesta inmediata del gobierno mozambiqueño.
Además, entidades como el Programa Mundial de Alimentos (WFP) han intensificado la entrega de asistencia alimentaria para cientos de miles de personas afectadas por las inundaciones, aunque hacen falta recursos urgentes para cubrir las necesidades básicas de los damnificados.
Mientras continúa la temporada de lluvias, se prevé que los efectos se mantendrán por varias semanas más, complicando los esfuerzos de recuperación y aumentando el riesgo de nuevos desplazamientos. Las comunidades rurales, muchas de ellas dependientes de la agricultura de subsistencia, enfrentan la destrucción de cultivos y ganado, lo que podría derivar en inseguridad alimentaria a largo plazo.