Varios estudios científicamente reconocidos están poniendo atención en un posible vínculo entre los tatuajes y un mayor riesgo de cáncer, aunque hasta ahora no hay evidencia concluyente que demuestre una relación directa de causa y efecto.
Investigadores han observado que **las partículas de tinta de tatuajes pueden desplazarse desde la piel hasta los ganglios linfáticos, donde podrían provocar inflamación persistente y estimular respuestas inmunitarias crónicas. Esa situación se ha sugerido como un posible factor que podría contribuir a un mayor riesgo de linfoma y cáncer de piel, especialmente en tatuajes grandes o con mucha tinta.
Un estudio danés publicado en revistas científicas encontró que las personas con tatuajes mostraron un riesgo notablemente mayor de ciertos tipos de cáncer, con cifras más altas de linfoma y cáncer de piel en comparación con quienes no tenían tatuajes. Sin embargo, los autores mismos señalan que estas asociaciones no prueban que los tatuajes causen cáncer por sí mismos, y que hay muchas variables —como el tipo de tinta, el tamaño del tatuaje y la genética individual— que aún deben analizarse.
Por su parte, otros estudios internacionales concluyen que no existe una evidencia clara de que simplemente tener un tatuaje cause cáncer, y que los resultados disponibles deben interpretarse con cautela, ya que factores externos como exposición solar o estilos de vida pueden influir.
Por ahora, los expertos coinciden en que se necesita mucha más investigación a largo plazo para determinar con certeza si los tatuajes tienen efectos significativos en el desarrollo de cáncer o si las asociaciones observadas pueden deberse a otros factores.
Mientras tanto, médicos y especialistas recomiendan consultar con profesionales de la salud antes de tatuarse, elegir estudios reconocidos y asegurarse de que se cumplan protocolos de higiene y seguridad, así como vigilar cualquier cambio en la piel donde se haya hecho el tatuaje.