La zona cercana a la Línea de la Concordia, en la región Tacna, volvió a ser escenario de operativos de control migratorio en medio del despliegue militar chileno.
Testigos reportaron la presencia de unidades especializadas de la Policía Nacional del Perú y patrullas del Ejército de Chile a lo largo de la franja limítrofe, en un contexto de mayor vigilancia por el ingreso irregular de personas.
Durante la jornada, tres personas intentaron cruzar desde territorio chileno hacia Perú, pero fueron intervenidas por agentes de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales (Dinoes), quienes impidieron su ingreso y ordenaron su retorno.
Según testimonios recogidos en la zona, el grupo fue posteriormente interceptado por una patrulla militar chilena y trasladado de regreso a su país.
Observadores señalan que este tipo de respuesta refleja un cambio en la dinámica fronteriza. Antes, cuando un migrante cruzaba la línea, se generaban disputas sobre qué país debía asumir la intervención.
Ahora, las fuerzas chilenas estarían actuando de forma directa para retornar a quienes intentan cruzar de manera irregular, lo que marca un endurecimiento en el control.
El refuerzo de la vigilancia también ha tenido un impacto inmediato en el tránsito de migrantes. En sectores cercanos a la carretera Panamericana, observadores indican que el flujo irregular ha disminuido notablemente.
“Son muy pocos los que se arriesgan por esta zona y buscan otras rutas”, señalaron testigos.
En el lado peruano se han instalado retenes policiales, mientras que en territorio chileno el patrullaje militar es constante en el desierto.
El endurecimiento del control coincide con el inicio de obras del plan denominado “Escudo Fronterizo”, impulsado por el presidente José Antonio Kast.
La construcción comenzó el 16 de marzo en el desierto de Arica, donde maquinaria pesada y personal militar trabajan en la instalación de:
Muros de hasta cinco metros de altura
Zanjas de hasta tres metros de profundidad
El proyecto contempla intervenir más de 500 kilómetros de frontera, desde Chacayuta hasta Colchane.
El aumento del control también se refleja en el número de efectivos desplegados. Según autoridades chilenas, el contingente en la frontera se duplicó, pasando de 300 a 600 militares.
Además, se ha ampliado la capacidad de los campamentos en la zona para sostener tanto las obras como el patrullaje permanente.
Las autoridades chilenas también evalúan sanciones contra quienes faciliten el ingreso irregular de migrantes, incluyendo transporte o alojamiento.