El conflicto entre Israel e Irán ha entrado en una nueva fase. De acuerdo con reportes de The Wall Street Journal, el aparato de inteligencia israelí ha ajustado su estrategia para ejecutar ataques selectivos contra altos mandos y estructuras clave del régimen iraní.
Entre los objetivos eliminados figuran el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y el alto funcionario de seguridad Ali Larijani, abatido durante una reunión secreta cerca de Teherán.
Según los informes, los bombardeos ya no se concentran únicamente en instalaciones militares tradicionales. Ahora apuntan directamente a:
Cuarteles de la Guardia Revolucionaria
Centros de comando policial
Unidades encargadas de la seguridad de la capital
Uno de los ataques más letales ocurrió en el estadio Azadi, donde murieron cientos de efectivos tras un bombardeo aéreo.
La ofensiva israelí combina tecnología avanzada con un elemento clave: información proporcionada por ciudadanos iraníes.
De acuerdo con The Wall Street Journal, miles de ataques —más de 2.200 dirigidos a fuerzas de seguridad— han sido posibles gracias a reportes internos que permiten ubicar objetivos con precisión.
Incluso, agentes del servicio de inteligencia Mossad habrían contactado directamente a oficiales iraníes para advertirles sobre posibles ataques.
La presión sobre las fuerzas del régimen ha provocado:
Repliegue hacia espacios civiles como mezquitas, hospitales y estadios
Desorden operativo en varias provincias
Suspensión de funciones policiales básicas
Testimonios recogidos indican que agentes han dormido en la vía pública o forzado espacios en hospitales para atender a heridos.
La ofensiva incluye el uso intensivo de drones, lo que ha permitido a Israel ampliar sus objetivos:
Más de 10.000 municiones lanzadas
Ataques a instalaciones clave en Teherán
Golpes a puestos de control en avenidas estratégicas
Estos ataques han obligado a una constante reorganización de las fuerzas iraníes.
Pese a la magnitud de los ataques, expertos advierten que una caída del régimen no es inmediata.
El analista Farzin Nadimi, del Washington Institute, señala que un colapso total por vía aérea es poco probable, aunque reconoce un desgaste creciente en la estructura del Estado.
Entre los principales funcionarios muertos en los ataques figuran:
Alí Khamenei, líder supremo (28 de febrero)
Mohammad Shirazi, asesor militar
Saleh Asadi, jefe de inteligencia militar
Hossein Jabal Amelian, vinculado al programa nuclear
Reza Mozaffari-Nia, ex jefe de investigación nuclear
Mohsen Darebaghi, general de división
Gholamreza Rezaian, inteligencia policial
Bahram Hosseini Motlagh, jefe de operaciones
Majid ibn al-Reza, ministro de Defensa interino
Reza Khazaei, Fuerza Quds
Abu Dhar Mohammadi, Guardia Revolucionaria
Ali Larijani, jefe de Seguridad Nacional
Gholamreza Soleimani, líder de la milicia Basij
Esmail Khatib, ministro de Inteligencia
Aunque el aparato represivo iraní sigue activo, los ataques han evidenciado fisuras internas. La combinación de presión militar, crisis económica y descontento social podría definir el futuro del régimen.
Sin embargo, el desenlace aún es incierto y dependerá, en gran medida, de la reacción interna en Irán.