Brasil entra en la recta decisiva hacia las elecciones con un escenario altamente polarizado entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, quien se perfila como el principal contendiente del oficialismo.
El senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, busca capitalizar el respaldo del bolsonarismo pese a que su padre cumple prisión domiciliaria tras ser condenado por intentar un golpe de Estado.
Tres encuestas recientes sitúan a ambos candidatos con entre 35 % y 40 % de intención de voto, proyectando una contienda reñida tanto en primera como en segunda vuelta.
El escenario repite la fuerte división política vista en las elecciones de 2018 y 2022, con una disputa entre el progresismo de Lula y la ultraderecha ligada al bolsonarismo.
El actual mandatario, de 80 años, busca consolidar su candidatura destacando los logros de su gobierno, aunque enfrenta un desgaste en su aprobación, que ya roza el 40 % negativo.
Además, mantiene su alianza con el vicepresidente Geraldo Alckmin y respalda a candidatos al Congreso para asegurar gobernabilidad.
Por su parte, Flávio Bolsonaro intenta mostrarse como una versión más moderada del legado familiar.
Ha dirigido mensajes a sectores centristas, especialmente mujeres, y ha marcado distancia en temas sensibles, como la vacunación durante la pandemia.
Sin embargo, su campaña mantiene ejes claros:
Pese a las dudas iniciales, el apellido Bolsonaro sigue teniendo fuerza en el electorado brasileño.
La politóloga Marcela Machado advierte que el bolsonarismo no debe subestimarse, aunque atraviesa una etapa de reorganización tras la condena de su líder.
Con cerca de 156 millones de votantes, Brasil se encamina a unas elecciones que podrían redefinir el rumbo político del país en medio de una fuerte polarización.