Las autoridades sanitarias y agrícolas de Estados Unidos encendieron las alarmas tras la reaparición del gusano barrenador del Nuevo Mundo (Cochliomyia hominivorax), un peligroso parásito cuyas larvas se alimentan de carne y tejido vivo de animales de sangre caliente e incluso, en casos excepcionales, de seres humanos.
El hallazgo fue confirmado en el sur de Texas, donde se detectó inicialmente un ternero infectado en el condado de Zavala, cerca de la frontera con México. Se trata del primer caso registrado en el país desde 1966, año en que la plaga había sido considerada erradicada.
El parásito corresponde a una mosca cuyas hembras depositan huevos en heridas abiertas o mucosas de animales y personas. Tras eclosionar, las larvas penetran en el tejido vivo y comienzan a alimentarse de la carne que las rodea, provocando lesiones graves, infecciones e incluso la muerte si no se recibe tratamiento oportuno.
Las autoridades explicaron que el gusano barrenador puede afectar al ganado, mascotas, fauna silvestre y, de forma menos frecuente, a seres humanos. Sin embargo, recalcaron que no representa un riesgo para la seguridad alimentaria, ya que no contamina la carne destinada al consumo.
La reaparición de la plaga ha generado preocupación debido a que Texas alberga uno de los mayores inventarios ganaderos del país. Expertos advierten que una expansión del parásito podría ocasionar importantes pérdidas económicas y aumentar la presión sobre los precios de la carne.
Además, reportes recientes indican que el avance del gusano barrenador estaría relacionado con su expansión progresiva desde Centroamérica y México durante los últimos años.
Ante la detección de los casos, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estableció una zona de cuarentena de aproximadamente 20 kilómetros alrededor del área afectada. También se reforzaron los controles de movimiento de animales y se intensificó la vigilancia sanitaria.
Entre las principales estrategias para contener el brote figura la liberación masiva de moscas macho estériles, una técnica que permitió erradicar exitosamente la plaga en décadas pasadas.
Hasta el momento, las autoridades sostienen que no existen indicios de una infestación generalizada y confían en que las medidas adoptadas impedirán que el parásito vuelva a establecerse en territorio estadounidense.
No obstante, veterinarios y especialistas recomiendan a los ganaderos revisar constantemente a sus animales para detectar heridas sospechosas, presencia de larvas o signos de infección, con el fin de actuar rápidamente ante cualquier posible nuevo caso.