A las 8:15 de la mañana (hora local), la misma hora en que hace ocho décadas la bomba atómica ‘Little Boy’ arrasó Hiroshima, la ciudad guardó un minuto de silencio. Sonó entonces la Campana de la Paz en el Parque Memorial, mientras cientos de asistentes —entre ellos diplomáticos de 120 países— recordaban a las más de 140.000 personas fallecidas tras el bombardeo.
La ceremonia se realizó en un ambiente caluroso, bajo el canto de las cigarras, y fue el escenario para que los hibakusha, los supervivientes del ataque, insistieran: “Nunca más armas nucleares”.
El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, abrió el acto con un discurso que recordó el horror vivido por los hibakusha y su compromiso inquebrantable con la erradicación total de las armas nucleares.
“Transmitir las súplicas de paz de los hibakusha es hoy más crucial que nunca”, expresó Matsui, apuntando contra la creciente retórica nuclear de Estados Unidos y Rusia, que aún poseen el 90% del arsenal nuclear mundial.
Matsui también criticó la situación geopolítica actual, señalando que la invasión rusa de Ucrania y los conflictos en Oriente Medio están impulsando un nuevo auge en el desarrollo militar.
“Estas políticas ignoran las lecciones del pasado y amenazan con derrumbar los esfuerzos por la paz”, dijo. Llamó a los jóvenes a reconocer que decisiones erradas en materia de seguridad y defensa pueden tener consecuencias inhumanas e irreversibles.
El alcalde japonés hizo un llamado urgente a los líderes del mundo:
“¿No ven que sus políticas están fomentando conflictos? Vengan a Hiroshima. Vean con sus propios ojos lo que provoca una bomba atómica”.
También instó al gobierno de Japón a sumarse al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), del cual aún no es signatario. Japón, por ahora, solo forma parte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).
El primer ministro Shigeru Ishiba, presente en la ceremonia, reafirmó que Japón sigue comprometido con la promoción de un mundo sin guerras ni armas nucleares, aunque reconoció que la comunidad internacional atraviesa una división creciente sobre el desarme nuclear.
Esta ceremonia fue la primera tras el Premio Nobel de la Paz 2024 otorgado a Nihon Hidankyo, la confederación de supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, en reconocimiento a su lucha histórica contra las armas atómicas.
El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó la primera bomba nuclear sobre Hiroshima. Tres días después, atacó Nagasaki. Se estima que más de 210.000 personas murieron como consecuencia directa o indirecta de ambos bombardeos, y que otras 150.000 resultaron heridas.
Las secuelas humanitarias, médicas y ambientales persisten ocho décadas después.