En el marco del estado de emergencia decretado en Lima y Callao, el presidente José Jerí realizó una visita sorpresa a la comisaría Alfonso Ugarte, en el Cercado de Lima, y expresó su malestar al no encontrar al comisario a cargo en su puesto. El hecho se da en medio de un despliegue policial más intenso para combatir la ola de criminalidad.
Jerí declaró visiblemente incómodo: “Me extraña mucho el comportamiento de esta comisaría. Debería estar en una posición de alerta, pero aparentemente aquí no pasa nada”, señaló. Al preguntar por el paradero del comisario, agregó: “Aparentemente está en alguna labor, porque acá no está”.
Minutos después, fuentes policiales explicaron que el comisario se encontraba participando en un operativo en el centro de Lima, lo que podría justificar su ausencia al momento de la inspección presidencial. Según reportes, esa operación incluyó intervenciones que resultaron en la detención de varias personas.
El general Manuel Vidarte, jefe de la Región Policial Lima, confirmó que solicitó un informe por escrito al comisario sobre su actuación durante la madrugada. Vidarte aclaró que bajo la normativa del estado de emergencia, cualquier salida desde una comisaría debe notificarse mediante la cadena de mando para mantener la cobertura operativa.
Para reforzar su mensaje, el presidente Jerí aseguró que patrullará cada madrugada mientras dure la medida excepcional. “No habrá día en que no salgamos”, afirmó, comprometiéndose a acompañar a la Policía, las Fuerzas Armadas y las autoridades locales en los operativos.
Este episodio pone de relieve los desafíos logísticos y de coordinación dentro de la Policía Nacional en un momento de presión alta: mientras el Ejecutivo exige presencia activa y resultados, algunas comisarías enfrentan limitaciones operativas. La salida del presidente, sin declaraciones extensas en ese momento, refuerza su estrategia de vigilancia directa, pero también genera cuestionamientos sobre la eficacia de la supervisión interna.