La Hermandad del Señor de los Milagros anunció oficialmente los recorridos que realizará la venerada imagen durante las procesiones del mes de octubre y noviembre de 2025. Este año, el Cristo de Pachacamilla volverá al Callao después de 22 años, reforzando la tradición de fe más importante del país.
Primera procesión – 4 de octubre:
La imagen partirá desde el Santuario de Las Nazarenas al mediodía y recorrerá la avenida Tacna, jirones Chancay, Conde de Superunda y Emancipación, para luego retornar a su punto de origen.
Segunda procesión – 18 de octubre:
El Cristo morado saldrá nuevamente del Santuario y pasará por la avenida Tacna, jirones Ica, De la Unión y Carabaya, hasta llegar a la Plaza Mayor. Posteriormente, recorrerá las avenidas Abancay y los jirones Junín, Huanta, Ancash y Maynas, culminando en la Iglesia del Carmen.
Tercera procesión – 19 de octubre:
Desde la Iglesia del Carmen, el recorrido incluirá los hospitales Dos de Mayo y Almenara. La ruta abarcará los jirones Huánuco, Puno, Antonio Bazo, Tarata y Cangallo, con homenajes frente al Palacio de Justicia antes de regresar a Las Nazarenas.
Procesión extraordinaria – 26 de octubre:
En un hecho histórico, el Señor de los Milagros llegará al Callao en el “Nazareno Móvil”. La ruta incluirá avenidas emblemáticas como Nicolás de Piérola, Óscar R. Benavides, La Marina, Guardia Chalaca, Sáenz Peña y Pacífico.
Quinta procesión – 28 de octubre:
La imagen visitará el Hospital Arzobispo Loayza y la iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados. El recorrido comprenderá las avenidas Tacna, Nicolás de Piérola, Alfonso Ugarte, Venezuela y los jirones Cañete, Mariano Moreno, Recuay y Loreto.
Sexta procesión – 1 de noviembre:
La última salida procesional incluirá la avenida Tacna, el jirón Callao, el jirón Chancay y la avenida Emancipación, culminando nuevamente en el Santuario de Las Nazarenas.
Cada procesión será acompañada por cuadrillas de cargadores, coros, fieles y devotos que vestirán de morado, símbolo de penitencia y esperanza. Las calles de Lima volverán a teñirse del color de la fe, con homenajes, cánticos y alfombras florales a lo largo del recorrido.