Las elecciones generales del 12 de abril de 2026 en Perú mantienen al país en vilo mientras el conteo oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) continúa sin definir quién acompañará a Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial.
Con más del 90% de actas procesadas, el resultado para el segundo lugar sigue extremadamente ajustado: el candidato de izquierda Roberto Sánchez registra 11,99% de los votos, apenas por encima del ultraderechista Rafael López Aliaga, que obtiene 11,93%, una diferencia de menos de 9.000 votos.
Fujimori lidera el escrutinio con cerca del 17% en una contienda marcada por 35 candidaturas, la cifra más alta en la historia reciente del país. La jornada electoral estuvo atravesada por denuncias, demoras en la instalación de mesas y cuestionamientos al proceso logístico.
Durante la jornada electoral se reportaron retrasos en la entrega de material electoral, lo que provocó la apertura tardía de diversos locales de votación y la no instalación de mesas en algunos puntos del país. Según la ONPE, una empresa contratada no cumplió con la distribución en los tiempos previstos.
Estas fallas generaron largas filas, malestar ciudadano y la extensión del proceso electoral a un segundo día para parte del electorado. La situación derivó en críticas a la organización del proceso y en una creciente tensión política.
En ese contexto, el candidato Rafael López Aliaga cuestionó la validez del proceso, exigió la suspensión de la proclamación de resultados y pidió la detención del jefe de la ONPE, además de convocar movilizaciones y hablar de una “insurgencia civil”, sin presentar pruebas que sustenten sus denuncias.
El proceso electoral se desarrolla en un contexto de alta inestabilidad institucional. En la última década, Perú ha tenido múltiples presidentes, enfrentamientos entre poderes del Estado y un Congreso recientemente reformado con el retorno del sistema bicameral.
La elección del 12 de abril fue la primera en tres décadas en combinar la elección de presidente, senadores y diputados, lo que aumentó la complejidad logística del proceso.
Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular, encabeza la votación y vuelve a situarse como protagonista en una nueva contienda presidencial, marcada por el peso de su historia política y el legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori.
Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima, consolidó su apoyo en la capital con un discurso de corte ultraconservador, aunque su desempeño nacional se ha visto afectado por la dispersión del voto en regiones.
Roberto Sánchez, vinculado al electorado rural e identificado con el legado político de Pedro Castillo, emergió como la principal sorpresa de la elección al captar respaldo en zonas del interior del país.
A la espera del resultado final del escrutinio, se perfilan dos posibles escenarios: un enfrentamiento entre Fujimori y Sánchez, que reproduciría la fuerte polarización entre Lima y el interior; o un duelo entre Fujimori y López Aliaga, que representaría dos vertientes de la derecha peruana.
En ambos casos, analistas advierten que el próximo gobierno enfrentará un Congreso fragmentado, alta desconfianza ciudadana y una economía sensible a la inestabilidad política.
Pese a la crisis política y las denuncias, organismos electorales e internacionales han señalado que el proceso continúa bajo mecanismos institucionales vigentes. La misión de observación de la Unión Europea y entidades nacionales han validado el desarrollo general del proceso, aunque con observaciones sobre los problemas logísticos registrados.
Mientras el escrutinio avanza, la definición del próximo presidente peruano sigue abierta. La segunda vuelta está prevista para el 7 de junio, en un escenario aún incierto pero dentro del marco institucional.