Las relaciones románticas con inteligencia artificial (IA) ya no son un concepto exclusivo de la ciencia ficción. Un estudio internacional reveló que estos vínculos evolucionan de forma similar a las relaciones humanas y, al mismo tiempo, plantean desafíos relacionados con la privacidad, el manejo de datos personales y la influencia de las plataformas tecnológicas.
La investigación fue liderada por especialistas de la Universidad Politécnica de Valencia y presentada en una conferencia internacional sobre factores humanos en los sistemas informáticos. El trabajo contó además con la participación del Instituto INGENIO, la Universidad de Cambridge, el King's College London y la Universidad Aalto.
Según explicó el investigador José Luis Martín-Navarro, las relaciones entre personas y sistemas de inteligencia artificial suelen atravesar tres fases: exploración, intimidad y disolución, un proceso comparable al de muchas relaciones humanas.
Para el estudio se entrevistó a 17 personas que mantenían vínculos sentimentales con asistentes de IA, entre ellos ChatGPT, así como plataformas de parejas virtuales como Character.AI y Replika.
Los investigadores encontraron experiencias muy diversas. Algunos usuarios consideran estas interacciones como un juego de rol, mientras que otros afirman mantener relaciones reales tras meses de conversaciones diarias con una IA.
El estudio documentó casos de personas que organizaron ceremonias simbólicas de matrimonio con sus parejas virtuales e incluso desarrollaron simulaciones de vida familiar o embarazos ficticios que seguían día a día.
Las relaciones analizadas tenían duraciones que iban desde un mes hasta más de un año. Algunos participantes mantenían un vínculo exclusivo con una sola IA, mientras que otros interactuaban con varias parejas virtuales o combinaban estas relaciones con vínculos humanos.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que muchos usuarios perciben a la IA como incapaz de traicionar o causar daño de forma intencional, lo que fortalece la confianza y favorece la revelación de información personal.
A medida que aumenta la intimidad, los usuarios suelen compartir datos sensibles, fotografías, experiencias traumáticas, opiniones políticas o problemas de salud. Incluso algunos participantes señalaron que las propias inteligencias artificiales incentivaban la entrega de más información.
La principal preocupación detectada fue que las conversaciones privadas puedan quedar expuestas o llegar al entorno cercano de los usuarios.
Los investigadores también observaron que estas relaciones pueden terminar abruptamente debido a cambios en las plataformas, actualizaciones de los modelos o la eliminación de personajes virtuales.
En algunos casos, los usuarios conservaron los historiales de conversación como recuerdo y manifestaron que esos archivos representaban una forma de preservar la “existencia” de su pareja digital.
El estudio concluye que una relación romántica con una inteligencia artificial nunca depende únicamente de dos partes, ya que intervienen actores como desarrolladores, empresas tecnológicas, moderadores y políticas de uso de datos.
Los investigadores advirtieron además que una parte importante de quienes utilizan plataformas de relaciones románticas con IA son adolescentes. Aunque los menores de edad no participaron en la investigación, los autores consideran necesario prestar atención a este fenómeno y a las condiciones de privacidad que ofrecen las plataformas.
Asimismo, remarcaron que muchos usuarios desconocen el alcance real de las políticas de recopilación y almacenamiento de datos, pese a que algunas empresas pueden conservar conversaciones o utilizarlas para mejorar sus modelos de inteligencia artificial.