La Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos solicitó acciones urgentes para garantizar la seguridad y el bienestar de más de 6.000 marinos que continúan atrapados en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo y mercancías. Los trabajadores permanecen a bordo de aproximadamente 400 embarcaciones que no han podido abandonar la zona pese a los intentos de evacuación impulsados por organismos internacionales.
La ONU expresó preocupación por las condiciones que enfrentan las tripulaciones, muchas de las cuales llevan meses en una situación de incertidumbre debido a las restricciones de navegación y los riesgos de seguridad derivados de la crisis regional.
La situación se originó tras la escalada de tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel, que provocó graves alteraciones en el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz. Diversos ataques contra embarcaciones y el incremento del riesgo en la zona redujeron significativamente la circulación de barcos y dejaron a miles de marinos varados en el Golfo Pérsico.
De acuerdo con organismos marítimos internacionales, la crisis no solo afecta a los trabajadores embarcados, sino también al comercio global, debido a que por esta vía transita una parte importante del petróleo y gas natural comercializados en el mundo.
En junio, Naciones Unidas inició un plan para evacuar a miles de marineros mediante corredores marítimos coordinados con autoridades regionales. Sin embargo, incidentes de seguridad registrados en las últimas semanas obligaron a suspender temporalmente algunas operaciones, complicando el proceso de salida de las embarcaciones.
La ONU reiteró que los marinos son trabajadores civiles que no participan en el conflicto y que requieren protección especial conforme a las normas internacionales. Asimismo, pidió a las partes involucradas facilitar soluciones humanitarias que permitan reducir los riesgos para las tripulaciones.
Organizaciones vinculadas al sector marítimo han advertido que la permanencia prolongada en los buques genera problemas de salud física y mental, además de dificultades relacionadas con el abastecimiento de alimentos, agua potable y el relevo de personal.
Mientras continúan las gestiones diplomáticas y humanitarias, miles de marinos permanecen a la espera de condiciones seguras que les permitan abandonar una de las zonas geopolíticas más sensibles del planeta.